martes, 15 de enero de 2013

De suicidios, ninis y Lorca, por Graciela Salazar Reyna


Zozohua
Por Graciela Salazar Reyna

En días recientes he topado con dos artículos sobre niños y jóvenes mexicanos que me inquietan, uno en relación al suicidio, como tercera causa de muerte en menores de edad; otro, de “el Ivancito”, capturado en D. F., sólo poco después de ser liberado, en noviembre; terminaba de purgar cinco años, por delitos graves, incluso asesinato y salió de nuevo a matar. Según la investigadora Emilia Lucio, de la facultad de sociología de la UNAM, y datos del Instituto Nacional de Psiquiatría, los suicidios entre niños se incrementaron 150 por ciento y 74 en jóvenes. Paralelamente, señala INEGI que seis de cada diez jóvenes no estudian preparatoria ni universidad. ¿Existen programas de gobierno suficientes y las condiciones necesarias, al menos conciencia o voluntad, para detener esto?

Aunque disguste pensar en temas desagradables, algo tendrá que moverse en el pensamiento de quienes habitamos este país, con siete millones de “ninis” que debe, primero, avergonzarnos y luego ser, obligadamente, un tema de revisión para todos, empezando por los padres que los trajeron al mundo, pero de los demás, capaces de entender el significado de no tener motivos dignos para continuar con vida.

Se me ocurre que la gente joven, tanto, como la que ya no lo es requieren verdadera atención, volver a  importar como hijos, hermanos y amigos, padres y discípulos, profesores y vecinos; sería bueno recobrar significados. Sencillos, simples como los cantados, por Federico García Lorca, en “Canción tonta” de este poema, con el que seguimos ensartando cuentas:

“Mamá. /Yo quiero ser de plata. /Hijo, /tendrás mucho frío. /Mamá. /Yo quiero ser de agua. /Hijo, /tendrás mucho frío. /Mamá. /Bórdame en tu almohada. /¡Eso sí! /¡Ahora mismo!”


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