martes, 26 de febrero de 2013

Zozohua, por Graciela Salazar Reyna

Zozohua
Graciela Salazar Reyna


Con dificultad nos sustraemos al entorno, sobre todo cuando queremos mantener los ojos abiertos ante el acontecer de los días y tomar partido o actuar en consecuencia si es preciso; el riesgo, como bien sabemos es gozarla o padecer, ni hablar. En violencia, secuestros, desapariciones forzadas a lo largo y ancho del país, sigue la mata dando; inclusive, en pequeñas poblaciones, apenas distinguibles en la geografía nacional.

A saber, cuántos mexicanos imaginaron que al día siguiente de posicionarse el nuevo gobierno cambiaría, de un estado de cosas a otro, como en los comerciales de TV, donde con un trapazo se limpia la suciedad. Y, tan sucio está el panorama que la gente en diversas entidades del país ha decidido erigirse en justicia y autoridad, a través de policías comunitarias; cunden, además, las quejas de organizaciones por “la pasividad del gobierno”[1], para dar cauce a múltiples casos de desaparecidos, cuyas familias se han convertido de hecho en investigadores y ministeriales, acopiando pruebas y arriesgando su seguridad y la vida, sin contar que a ellos no les pagan por ese trabajo.

Sobran motivos de hartazgo y desconfianza hacia quienes deben satisfacer las demandas ciudadanas, particularmente, en asuntos que ocasionan dolor y pérdidas irreparables.

En el entramado de esta tela, traigo a cuenta “No”[2], película chilena protagonizada por Gael García Bernal. Interesante, porque, nos permite ver a la distancia una época que a unos nos tocó siendo adolescentes, un asunto que entre otros nos marcó para siempre –y cómo nos estrujaba el pecho “Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentado…”-; un drama esta peli, aunque hay quienes la clasifican como comedia negra, tal vez. Por otra parte, nos deja el grato sabor de pensar que la gente decidida puede organizarse y actuar metódica y talentosamente para lograr lo que se propone, aun contra el poder más férreo; es cierto, si nos remitimos a los hechos reales, de algún


modo tío Sam ya no estaba conforme con la dictadura de Pinochet; pero esta historia ficcionada deja la idea de la acción ingeniosa con una gran repercusión política.

Lo que puedo compartir, con los lectores del trajín, es que me gusta como propuesta: una historia técnicamente bien armada, con un buen uso de documentos que combina pasado y presente; evoca recuerdos, convoca  conciencia; mediante buenas actuaciones y muy aceptable dirección. Disfrutable, pienso, para quienes conocen el acontecimiento y para la raza más joven que quiere saber, acerca del episodio histórico-chileno, una forma atractiva.

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